• Verónica González

Mar en calma y viaje feliz



Compartir con el grupo de Perlas del Creador me hace crecer y aprender tanto; en nuestro último encuentro el Señor tenía preparado un espacio muy especial. Mientras íbamos compartiendo un café y nuestras experiencias de vida, más comprendía que el dolor nos estaba ayudando mucho en nuestros procesos. Cada mujer de Perlas del Creador, única y especial, trae consigo una historia y cada historia carga un dolor diferente. Es difícil aceptar que la vida tiene sus buenos y no tan buenos momentos y esos no tan buenos, nos provocan heridas y un profundo dolor.



Sin embargo, escuchando cada experiencia de vida y contando la propia mía, puedo ir comprendiendo porque el dolor nos ayudó y nos ayuda tanto. El dolor es un sentimiento que nadie quiere sentir, que hace que nos sintamos impotentes y sin fuerzas, pero a la vez, ese mismo dolor, viene a fortalecer un área que está débil. Cada experiencia de dolor tiene un propósito que solo si estamos atentas podemos ver y entender.


En estos últimos meses he vivido experiencias de mucho dolor y he llorado con toda mi alma, no obstante, he visto como Dios me sigue sosteniendo, como se encarga de mis asuntos y me llena de nuevas fuerzas. El dolor ayuda a ver la fragilidad de nuestro ser, a reconocer que solas no podemos y a testificar de las grandezas y el amor de Dios. No les puedo decir que me gusta el dolor porque sería ser masoquista pero me ha enseñado tanto, que entiendo su propósito.



En ese encuentro de mujeres comencé a leer un cuento que se titula: Mar en calma y viaje feliz. Yo les presentaba, como estar en un mar en calma nos hace sentir cómodas y seguras, aunque estemos viviendo en soledad y sin propósitos. Por otro lado, a mitad del cuento, se presentan las olas y el viento y el navegante comenzó a mirarlo todo desde otra óptica, sin embargo, llegó a tierra. Sí, a pesar de los vientos y la tempestad, llegó a tierra, a su destino. Así ocurre en nuestra vida, salimos del mar en calma y pensamos que seremos destruidas por las fuertes olas y vientos, y es cuando en medio de todo eso, si no nos rendimos, llegaremos a nuestro destino.



Vivir en un mar en calma es sentir que es un viaje feliz, pero no siempre lo que pensamos que nos hace feliz, es lo que verdaderamente nos enseñará a ser fuertes y resilientes. Vivir en el mar “picao” también es un viaje feliz, porque nos enseña a depender de Dios, a ser más pacientes y a arriesgarlo todo.

Mujeres bellas que me leen y siguen, tus experiencias dolorosas te ayudarán a crecer y adquirir mayores y mejores herramientas para enfrentar el mar embravecido. Si deseas contarnos tu historia con los vientos y las olas azotando tu barca, hazlo porque edificará nuestras vidas.

Verónica González M. Ed.

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