• Verónica González

Cuando te sientes menos para la encomienda

¿Cuántas veces nos sentimos menos para lo que fuimos encomendadas? Muchas veces, porque simplemente no cumplimos con nuestras propias expectativas. Sin embargo, eso no significa que somos menos o fracasadas sino que tenemos espacios para sanar y restaurar. En mis diferentes encomiendas me he dado cuenta que no solo me enfrento a la duda sino que también me he restado valor exigiéndome demasiado. Por eso, he tenido que trabajar en mis percepciones porque solo se trata de la percepción que tengo de lo que vivo.





Cuando hacemos algo que se nos ha encomendado y no logramos hacerlo como queremos, no significa que seamos fracasadas; por esta razón, es importante cambiar de perspectiva. Hay elementos que siempre nos van a hacer sentir menos para la encomienda y tenemos que deshacernos de eso de inmediato:

  1. Perfección

  2. Comparación

  3. Resignación

  4. Creencias limitantes

  5. Cuestionamientos

El perfeccionismo nos lleva a la frustración y a dejar de accionar porque las cosas no están perfectamente listas. Por otro lado, la comparación lacera y daña la estima de cualquiera, mirar a otros para comparar es la manera más cruel de medirnos. Asimismo, la resignación nos lleva a un estado de conformismo, que nos impide asumir retos con valentía. De otra parte, se encuentran las creencias limitantes, lo que piensas que no puedes hacer, lo que has creído que no es tu fuerte y lo que otros desde que eras una niña, te han dicho que no puedes hacer y lo has convertido en una creencia en tu vida. Para culminar, están los cuestionamientos y los por qué, por qué te ha tocado hacer algo para lo cual no te sientes preparada; eso provoca la duda y la desconfianza y te impide continuar o lanzarte a lo encomendado.





Amada mujer que me lees, sé que no es fácil aceptar encomiendas y retos que piensas que no puedes cumplir, sin embargo, eres capaz, tienes el potencial y lo puedes lograr. Mira dentro de tu ser qué elementos de los antes mencionados, te han hecho pensar que eres menos para la encomienda, con qué batallas diariamente y qué específicamente está lastimando tu estima propia. Reflexionar sobre eso, te hará ver que muchas limitaciones las has puesto tú misma y que simplemente te has encerrado en eso que te han hecho creer y que tú has permitido que te convenzan.

Hoy te animo a encontrar el tesoro que posees, a buscarlo hasta hallarlo y a vivir libre de los supuestos. No hay encomienda tan grande que no puedas acoger, ni encomienda tan pequeña que puedas despreciar; las encomiendas en nuestras vidas son escalones para llegar al propósito para el cual fuimos creadas.

“Eres valiosa, eres capaz y tienes el potencial para asumir la encomienda de la vida.”

Con cariño, Verónica González

M. Ed.

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